Su mirada es lo primero que revela ese interior lleno de amor para acompañar a quién solicita una maki...
En el corazón de una maki habrá maíz si quién la recibe está pasando por un proceso de ACEPTACIÓN, ya que el maíz es
aceptación. Es aceptar mi sombra para conocer mi Unicidad y así elevarme hacia
el pleno estado de consciencia. Los pueblos que basan su alimentación en el
maíz tienen el desafío de avanzar sobre sus propios muertos. Entendiendo esto
como las esencias individuales, que construyen lo colectivo y se definen a sí
mismas como un solo Ser. No estamos hablando de “muerte física”, sino de
aquello que debe morir para el reconocimiento de la esencia.
Si acaso estuvieran plenas de flores de jacaranda, es porque ellas traen con su suave tono liliáceo
el recuerdo de que está obrando en nosotros la transmutación de lo evolutivo.
Cuando estamos dudando sobre ese proceso de evolución que nos ocurre, podemos
usar su presencia para reconfortarnos en el comprender que ese trasmutar suele
ser con caídas y desasosiegos, pero ellos siempre son el no adaptarnos a lo
nuevo y quedarnos en la “comodidad” de la vieja creencia.
Si el limón las habita, es porque él limpia y desinfecta.
Almicamente hace lo mismo, sobre todo cuando se trabaja sobre procesos de
pensamiento adictivo que han llegado a enfermar el cuerpo físico. También
cuando las creencias y mandatos adquiridos están en profundo “quiebre o
cortocircuito” con nuestro Ser, al punto de no poder VER aquello que sí es
realmente nuestro.
Así cada maki es un mundo bello en sí misma, sólo se necesita una conversación serena y amorosa con la persona que desee ser acompañada por una maki para tener la certeza de que llevará en su interior... y en días nacerá una maki lista para ESTAR Y SER junto a esa alma, que elige un cambio real en su vida.



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